Las “Guerras Híbridas” en el Siglo XXI 

 

 

***”Siempre es bueno hacer las cosas bien complicadas para que nadie pueda averiguar lo que pasa".  Donald Trump (The New Yorker, Mayo 19, 1997).

 

 

***Otras denominaciones utilizadas para esta nueva modalidad de conflictos son las de "guerra proxy (guerra por delegación), guerra asimétrica, guerra de cuarta generación... guerra en red... [o] conflicto no lineal".

 

 

 

 

 

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, tiene como su principal ideólogo en materia de guerras híbridas a Vladislav Surkov, antiguo estratega político del Kremlin. A Vladislav Surkov se le atribuye la creación de la democracia dirigida rusa, conocida como “poder vertical”, y por su enorme poder se le ha bautizado como el “cardenal gris” del Kremlin. Surkov estuvo detrás de la formación de varios partidos políticos de cartón, como Rusia Justa y el hoy desaparecido Ródina, creado poco antes de las elecciones parlamentarias del 2003 para restar votos a los comunistas. También se le atribuyen la formación del movimiento juvenil pro Putin Nashi (los nuestros, que llegó a tener más de cien mil miembros antes de ser desbandado ya que reclutaba a ¨cabezas rapadas¨ y animaba a sus miembros a completar su entrenamiento militar en preparación para convertirse en las tropas de asalto de Putin.

A diferencia de la mayoría de las personas que ayudaron a Putin a moldear la Nueva Rusia, Surkov no tiene preparación formal en los servicios de inteligencia, la KGB, como el propio abogado Putin especializado en contraespionaje. Más bien, Surkov estudió teatro y economía y trabajó como encargado de Relaciones Públicas del encarcelado oligarca Mikhail Khodorkovsky, y luego de la red de medios de comunicación y televisiones afines al Kremlin y, multifacético, ha escrito poesía y canciones de gangster-rap para el grupo de rock AgataKristi y libros de ciencia-ficción. Se cree que es el autor de un libro de ficción gangster-política escrito en 2010, Cerca de Cero, con el pseudónimo de Natan Dubovistky (su segunda esposa es Natalya Dubovitskaya). Y más recientemente. En 2014, publicó un cuento corto de ciencia-ficción, Sin Cielo (todas estas diversas actividades resultaron magnífica preparación para su carrera en la entretenida política postmoderna actual de Rusia).

Gracias a la guerra híbrida clandestina en Ucrania Surkov ha destacado por su talento para la intriga y el subterfugio.

La guerra híbrida consiste en crear un conflicto en la que uno nunca sabe qué está planeando el enemigo y ni siquiera sabe claramente quienes son los participantes y de qué lado están porque pueden cambiar de bando en cualquier momento.  El objetivo oculto no es ganar la guerra sino utilizar el conflicto para crear un estado de desestabilización para manipular y controlar.

Es un tema muy confuso...y al mismo tiempo muy interesante.  Tiene similitud con una idea que George Orwell escribió en su novela 1984.  En ella, se menciona la Secretaría de la Verdad, una de las cuatro secretarías que gobiernan el territorio.  Su propósito era falsificar los registros históricos para que fueran útiles para la agenda del Gobierno. Después de todo, si nadie sabe qué pasó realmente, ¿cómo se puede saber lo que realmente está sucediendo en el presente?

Guerra híbrida es un concepto polemológico de reciente creación (2014) con el que se identifica un nuevo tipo de guerra que "viene a dar por superada la guerra asimétrica (ejército convencional contra fuerza insurgente)".

"Une fuerzas regulares e irregulares, desinformación y una aparatosa presencia militar en una ofensiva limitada", siendo su ejemplo la guerra en el este de Ucrania y calificando genéricamente a las relaciones entre Rusia y los países occidentales (Estados Unidos, Unión Europea, OTAN): "esta nueva especie de guerra híbrida está definida por el hecho de que no hay una distinción real entre la guerra y la paz".

Los conflictos híbridos implican esfuerzos a diferentes niveles con el objetivo de desestabilizar un estado funcional y provocar una polarización de su sociedad.

A diferencia de lo que ocurre en la guerra convencional, el “centro de gravedad” de la guerra híbrida es un sector determinado de la población. El enemigo trata de influenciar a los estrategas políticos más destacados y a los principales responsables de la toma de decisiones combinando el uso de la presión con operaciones subversivas. El agresor a menudo recurre a actuaciones clandestinas para no asumir la responsabilidad o las posibles represalias."  Otras denominaciones utilizadas para los conflictos ucranianos de Crimea y el Donbass son las de "guerra proxy (guerra por delegación), guerra asimétrica, guerra de cuarta generación... guerra en red... [o] conflicto no lineal".

 

 

 

El conflicto en Donbass ha sido asimétrico, multidimensional, con objetivos flexibles… Un repaso de cómo Moscú se muestra diestro en el arte de la guerra híbrida.

La guerra del Donbass en Ucrania posee conceptualmente una complejidad que permite identificar elementos en ella de distintas aproximaciones como son la guerra civil, guerra proxy (guerra por delegación), guerra asimétrica, guerra de cuarta generación o guerra en red. En el último año el concepto más en boga para referirse en conjunto a lo acontecido en Crimea y el Donbass es el de conflicto no lineal o el más común de guerra híbrida.

A diferencia de una invasión militar a gran escala o una contienda bélica con frentes clásicos, la guerra híbrida combina el empleo de estrategias militares no convencionales con operaciones hostiles de inteligencia, información, comunicación o amenazas y presiones políticas que entran en el terreno de la guerra psicológica. Acciones que buscan derrotar, debilitar o someter la voluntad del adversario. Operativos de fuerzas especiales encubiertos, grupos armados actuando como proxies, inteligencia subversiva, sabotaje, ciberguerra, guerra de información o la presión económica y amenaza de sanciones, entre otros, son instrumentos de guerra híbrida. Comúnmente, en esta modalidad bélica distintos actores externos patrocinan y asisten a uno de los contendientes. Por ello, las acciones de terceros Estados en este contexto se miden en su nivel de intensidad pero también en el grado de autoría asumida, ya que muchas de esas actuaciones son clandestinas o encubiertas. Aunque el empleo en uno u otro grado de este tipo de estrategias es común a toda potencia mundial, Estados Unidos y la CIA no necesitan maestro, en el vocabulario de inteligencia ruso hay dos conceptos de larga tradición que encajan en una guerra híbrida: las aktivnye meropriyatiya (medidas activas), operaciones de inteligencia en el exterior dirigidas a influenciar la vida política de un determinado país; y los métodos de maskirovka, tácticas de engaño y falsificación utilizados por las Fuerzas Armadas (FFAA) de Rusia.

Si bien en el debate de la crisis ucraniana se han presentado este tipo de prácticas como novedosas y sacadas de la mente ladina y atestada de ardides del presidente ruso, Vladímir Putin, su empleo es tan antiguo como lo es la propia guerra. En esencia sus planteamientos teóricos ya están en los clásicos occidentales, como Carl von Clausewitz, u orientales, como Sun Tzu. El ejemplo seminal de guerra híbrida contemporánea, distinguida principalmente por el salto tecnológico experimentado, es la Guerra del Líbano en 2006 que enfrentó a Israel y a la organización libanesa chií Hezbolá. Ejemplo que sirvió al periodista Frank Hoffman para conceptuar la guerra híbrida del siglo XXI. Pero las experiencias hostiles híbridas son una constante histórica. No menos en el contexto ruso. El investigador Vladímir Voronov, tras navegar en los archivos soviéticos, confirma que las aktivnye meropriyatiya están ya presentes en las tácticas de Josef Stalin y la inteligencia soviética en sus operaciones en Manchuria y Polonia en los años 20 y 30 del siglo pasado. En cuanto a los métodos de maskirovka, mucho antes de los hombrecillos verdes de Crimea, la propia invasión de Afganistán en diciembre de 1979 se inició con 700 spetsnaz procedentes del Asia Central soviética ataviados con uniformes afganos. Ellos serían los primeros en ocupar el palacio del presidente Jafizulá Amin.

En los últimos tres años las páginas de la publicación rusa Voenno-promyshlennyi kurer (El Correo Industrial-Militar) recogen un debate acerca de la modernización de tácticas y técnicas asociadas a la guerra híbrida. El artículo probablemente más influyente, y seguro más citado, lleva la firma del Jefe del Estado Mayor de las FFAA de Rusia Valery Gerasimov, quien adapta los fundamentos teóricos de la guerra híbrida, que él denomina guerra no lineal, a los actuales desafíos de la Federación Rusa. Hay quien ya habla de la “Doctrina Gerasimov”, lo cual es arriesgado por dos motivos. Primero porque muchas de las tácticas puestas en práctica en Crimea o el Donbass fueron ya introducidas por su predecesor en el cargo, Nikolai Makarov, así como por otros teóricos militares como el General Majmut Gareyev o el Coronel General Anatoly Zaitsev. Segundo, porque como el mismo Gerasimov subraya no hay un modelo de guerra híbrida aplicable a distintos escenarios. No hay una doctrina militar holística. Cada conflicto exige un enfoque particular que no puede ser aplicado como una plantilla en la siguiente contienda. De hecho, la flexibilidad es un rasgo intrínseco a la guerra híbrida.  

Sea como fuere, la guerra híbrida ya forma parte del vocabulario del conflicto de Ucrania. La OTAN en su cumbre de Cardiff de septiembre de 2014 ya apuntaba la necesidad de dar respuesta a “amenazas de guerra híbrida” y “amenazas híbridas”. En paralelo se hacía publica la creación de la fuerza acción inmediata en los Estados miembros de Europa del Este. Desde Rusia, la respuesta para la galería la dio el ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, utilizando el concepto para definir las revoluciones de colores según él orquestadas por Occidente. Y la respuesta real llega con la creación del Centro Nacional para la Defensa, básicamente un órgano capaz de coordinar y gestionar una guerra híbrida con la mayor precisión. Finalizando, el fundamento teórico-práctico de una guerra híbrida se puede dividir en los siguientes cuatro puntos:

En primer lugar, comúnmente, como sucede en una guerra por proxy, una guerra híbrida incorpora la implicación de una o varias potencias que tratan de influir en un conflicto de manera determinante sin intervenir directamente a gran escala. Se desarrollan tácticas que permiten interferir en conflictos fuera de sus fronteras, maximizar las debilidades del enemigo y, al mismo tiempo, evitar una confrontación abierta. La esencia táctica es alcanzar los objetivos sin abrir fuego y mantener al ejército regular como elemento de disuasión y contención.

En segundo lugar, a causa del tipo de fuerzas que entran en contienda, su organización, sus estrategias, tácticas y objetivos, la guerra híbrida reúne particularidades de la guerra asimétrica. Mark Galeotti se refiere a la guerra del Donbass como una geopolítica de guerrillas, y es que existen no pocas similitudes con la clásica guerra de guerrillas: una cadena de mando descentralizada, unidades sin contacto entre sí, flexibilidad estratégica, los enfrentamientos frontales de largas formaciones dejan paso a emboscadas, maniobras envolventes y cercos a unidades completas. Como subraya Gerasimov en las operaciones las “diferencias entre niveles estratégico, operacional y táctico, así como entre ofensivo y defensivo, se diluyen”. Sin grandes frentes, la no linealidad convive con la multilinealidad en que las acciones asimétricas son de uso masivo, “capacitando la anulación de las ventajas del enemigo”. Por último, Gerasimov prioriza garantizar la operatividad de las infraestructuras, comunicaciones y suministros en los territorios ya controlados, así como quebrar las del enemigo.

En tercer lugar, la guerra híbrida es multidimensional. El conflicto trasciende el escenario militar para alcanzar también la economía, las nuevas tecnologías de comunicación (ciberguerra), la inteligencia o los medios de comunicación y redes sociales mediante la llamada guerra de la información. La relevancia de los métodos no militares en la consecución de los fines estratégicos es creciente. Estas dimensiones de contienda o competición se dan en tres campos de batalla: el propio del enfrentamiento armado, el de la percepción de la población local; y el que acontece en la comunidad internacional. El elemento central en los métodos no militares es la comunicación. Siendo los medios y las redes sociales tanto instrumento como arena de enfrentamiento bélico. El propio conflicto de Ucrania puede ser definido como la principal guerra de la información en la era online.

Por último, una guerra híbrida es una contienda con objetivos flexibles y opacos. Una idea destacada por Gerasimov es que no importa que las fuerzas del enemigo sean superiores, siempre se pueden encontrar métodos para vencer maximizando sus debilidades y ajustando los objetivos. Es un reconocimiento explícito de inferioridad militar frente a EE UU y la OTAN hoy –y probablemente China mañana–, e implícito de que la solución para Moscú no es renunciar a los conflictos, sino jugarlos en las mejores condiciones para ganarlos. Para ello, los objetivos de las operaciones deben ser ajustados a lo alcanzable (para ganar no es necesario independizar toda la Nueva Rusia del Donbass hasta Transnistria, sino crear condiciones de desestabilización en Ucrania), opacos (tanto para los enemigos como para los aliados) y flexibles (en tanto que no se busca una victoria total, la maniobrabilidad en este sentido es amplia). Sin plantillas reutilizables, cada guerra es única y ha de ser diseñada en función de sus singulares exigencias.

 

Qué es la nueva "guerra híbrida”

entre Rusia y Occidente

**Bridget Kendall

Corresponsal Asuntos Diplomáticos de la BBC

(7 noviembre 2014)

Buques suecos buscaban un submarino ruso en el mar frente a Estocolmo.

Un submarino ruso supuestamente merodeando en aguas suecas; aviones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) interceptando bombarderos rusos; espías rusos desplegándose en toda Europa, según la inteligencia checa; un funcionario estonio presuntamente raptado y enviado a Moscú para ser acusado de espionaje.

Son todas actividades en las sombras o bajo el radar, acompañadas de una andanada de mensajes antioccidentales en los medios prorrusos: lo que se ha dado en llamar "guerra híbrida", donde la propaganda y la provocación están en primer plano.

De hecho, el sondeo ruso de las fronteras de la OTAN y las defensas en la región del Báltico no es nada nuevo.

Pero las presuntas incursiones de aviones militares rusos se triplicaron durante el último año y los funcionarios de la OTAN afirman que las maniobras ocurren cada vez más profundamente en territorio de la alianza occidental y son más provocadoras.

"Lo que hemos visto es una creciente presencia militar de Rusia en el aire, en el mar y ahora bajo el mar", señala Tomas Ries, profesor titular en la Escuela de Defensa Nacional de Suecia.

"Se podría decir que esta nueva especie de guerra híbrida está definida por el hecho de que no hay una distinción real entre la guerra y la paz".

"Es una señal del Kremlin a Occidente de que básicamente el pasado quedó atrás. Rusia está regresando al escenario y afirmando: 'Somos fuertes y ya es hora de que se den cuenta que deben respetarnos'".

Pero la guerra híbrida es casi siempre negable.

"Propaganda occidental"

La anexión de la península ucraniana de Crimea a Rusia ha sido un hecho crítico de la actual tensión.

¿Recuerda aquellos "hombres de verde" que aparecieron por primera vez en Crimea para ayudar a facilitar la anexión a Rusia? ¿O los soldados rusos y armas pesadas que aparecieron en el este de Ucrania en apoyo de los rebeldes prorrusos?

Ahora, como entonces, el Kremlin se ha apurado por negar su participación.

En efecto, mientras Occidente reporta un patrón de aumento de la actividad militar y de inteligencia rusa en las fronteras orientales de la OTAN, Moscú sostiene lo contrario:

•No hay pruebas de la presencia de un submarino ruso en aguas suecas.

•El funcionario estonio acusado de espionaje estaba del lado ruso de la frontera.

•La actividad militar fronteriza rusa en el Báltico es rutinaria y siempre en espacio aéreo o aguas internacionales.

Y lo que es más, indica el Kremlin, si hay una guerra híbrida, es una campaña de propaganda inspirada y orquestada por gobiernos occidentales y encabezada por Estados Unidos, para mostrar a Rusia como el enemigo.

"No digo que Rusia esté libre de culpa", comenta Dmitry Linnik, jefe de la oficina de la emisora radial La Voz de Rusia en Londres.

"Pero mostrar todo esto como lo han hecho los medios y políticos occidentales no sólo es irresponsable, sino que se encamina a aislar y castigar a Rusia para abrir una brecha entre ese país y Europa".

Ahora, funcionarios rusos culpan rutinariamente a EE.UU. de casi todo.

Nikolai Patrushev, exdirector del espionaje ruso y -según se cree- amigo íntimo del presidente Vladimir Putin, acusó recientemente a EE.UU. de enredar a la Unión Soviética en una atroz guerra en Afganistán y luego deliberadamente debilitarla económicamente para provocar su colapso en 1991.

Según Putin, EE.UU. sigue intentando socavar a Rusia. En su discurso anual ante el llamado Club Valdai, Putin sostuvo que Rusia está tomando el lugar de la URSS como "centro del mal" en la propaganda estadounidense, para "dibujar líneas divisorias y formar coaliciones dirigidas contra un enemigo, como durante los años de la Guerra Fría".

Pero esta posición deja un enigma. Vladimir Putin tiene una reputación de duro y la usa a su favor.

Desconfianza

Por una parte, Putin se queja de ser tratado con suspicacia. Por otro, parece desear proyectar a Rusia como una potencia renaciente, preparada para contraatacar si sus intereses son ignorados.

Entonces ¿cómo pretende recuperar sus amigos en Europa, si los gobiernos ven a Rusia como una amenaza?

Clifford Gaddy, del Brookings Institution en Washington y coautor de un reciente perfil de Putin, indica que el punto es que quiere que la gente le tenga miedo.

"Es un principio fundamental de la política exterior rusa y en particular de la de seguridad, que realmente no se puede confiar en nadie", señala.

"Debe tener alguna clase de intimidación o chantaje que asegure que se comporten como desea".

En el nuevo espacio gris de la guerra híbrida, indica la teoría, ya no hay buenos y malos.

"Se le llama una ideología líquida o posmodernista", dice Ilya Zaslavsky, investigador del Instituto Real de Asuntos Internacionales en Londres.

"La idea es ahora nadie tiene ideología, así que se puede argumentar que todos somos cínicos y corruptos como todo el mundo".

"Ellos quieren presentar a Rusia como un matón", indica. "Se acomoda convenientemente a su propia realidad virtual de nueva guerra fría, donde Rusia es un castillo sitiado por enemigos y debe contraatacar".

Es un conflicto confuso y complejo. La pregunta es ¿a dónde se dirige?

Ruptura total

Es un principio fundamental de la política exterior rusa y en particular de la de seguridad, que realmente no se puede confiar en nadie

Clifford Gaddy, Brookings Institution Gaddy no cree que Putin quiera una ruptura total con Occidente, pero también duda de que las sanciones occidentales logren que Rusia modifique su conducta. De hecho, le preocupa que si las sanciones continúan aislando a Rusia, la próxima escalada en esta guerra de sombras sea muy peligrosa.

"Estamos en un mundo tan altamente integrado, especialmente en lo electrónico, que si sacamos a Rusia de esa integración, haremos más probable que emplee armas cibernéticas de una manera muy peligrosa -como contra nuestros sistemas financieros- porque le estamos reduciendo el costo de hacerlo", afirma.

Es algo que Linnik descarta como más alarmismo: "Creo que Moscú es mucho más pragmática de lo que pensamos".

"No creo que Moscú esté siquiera considerando ese camino y espero que Occidente también se dé cuenta", opina.

Pero el problema es que, en el turbio mundo de la guerra híbrida donde todo es negable y nada es seguro, ¿quién sabe como se desarrollará esta crisis?

La guerra híbrida del siglo XXI

***La Alianza Atlántica se prepara para contrarrestar el nuevo desafío lanzado por el Kremlin

De la Guerra Fría a la guerra híbrida. Este parece ser el trayecto recorrido por la OTAN en los últimos meses de enfrentamientos con el Kremlin desde el estallido de la crisis de Ucrania, un conflicto que los analistas de la Alianza califican de “híbrido” porque une fuerzas regulares e irregulares, desinformación y una aparatosa presencia militar en una ofensiva limitada. “Los rusos han demostrado que pueden desplegar casi un Ejército entero en pocos días, en las mismas fronteras de la OTAN. Ese es el modelo que tenemos en mente”, afirma un alto mando militar en un encuentro con periodistas y expertos en la sede de Bruselas esta misma semana, durante la reunión de ministros de Exteriores de la organización.

Para algunos, el término, acuñado en 2009 por el periodista estadounidense Frank Hoffman, y ya anticipado por George Kennan en 1948, es tan antiguo como la propia guerra. En todo caso, no entra en la habitual definición de guerra: la convencional (entre Estados) y la asimétrica (un Ejército contra una guerrilla). Se trata de una fusión de soldados con y sin uniforme, paramilitares, tácticas terroristas, ciberdefensa, narcoconexiones, insurgencia urbana y fusiles AK-47. “Es una combinación de medios e instrumentos, de lo previsible y lo imprevisible. No hay fronteras entre lo legal y lo ilegal, entre la violencia y la no violencia. No hay una distinción real entre guerra y paz”, dice Félix Arteaga, investigador de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano.

Es la guerra de Putin. La que el presidente ruso lleva a cabo en Ucrania y las operaciones que ha realizado a lo largo de este año, como los 400 vuelos de sus aviones sobre el espacio aéreo de los países bálticos y el Mar Negro, el misterioso episodio del submarino ruso frente a las costas suecas o el aún más misterioso derribo del avión malasio en el este de Ucrania en julio. Todas estas acciones han despertado la alarma en los antiguos miembros del Pacto de Varsovia o de la extinta Unión Soviética. “No queremos un conflicto con Moscú”, ha repetido estos días el nuevo secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. “Rusia solo quiere ser tomada en serio”, es el mantra de la Alianza para reducir la tensión, y sus expertos desechan un ataque directo del Kremlin contra un aliado o una guerra caliente. “La OTAN no se plantea un enfrentamiento, sino la disuasión. La respuesta a la guerra híbrida de Rusia no puede ser una guerra híbrida de la OTAN”, asegura Andrés Ortega, también analista de Elcano.

Que la Alianza, creada precisamente en 1949 para hacer frente al bloque soviético, se toma muy en serio lo que percibe como una nueva amenaza rusa lo prueba la creación de una fuerza de acción inmediata para incrementar la protección de Europa del Este. Noruega, Alemania y Holanda ya han dado el sí a la participación en ese contingente, aunque los detalles se confirmarán en una reunión en febrero. Mientras tanto, la organización ha reforzado su presencia con tropas y equipos militares en la región: Reino Unido acaba de realizar maniobras en Polonia y desde enero, EE UU tiene desplegados 50 carros blindados Abrams y Bradley en suelo alemán, un territorio que abandonó en abril de 2013 cuando el último tanque estadounidense, vestigio de la Guerra Fría, salió del país. La OTAN también ha incrementado sus patrullas aéreas en los países bálticos y proyecta maniobras militares para 2015 en su frontera oriental.

Además de estas iniciativas, los mandos de la Alianza siguen evaluando cómo articular una respuesta rápida, eficaz, y no sólo bélica, a los desafíos insospechados que vienen del Este. El coste de este nuevo enfoque, así como el reparto del esfuerzo económico entre sus 28 miembros, son estos días la principal preocupación en la capital europea. “La defensa no puede ser barata en el siglo XXI”, advirtió el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, en su visita a Bruselas el pasado martes. “Todos los países deben incrementar su presupuesto”.

 

Sus palabras son una vieja demanda de Washington, pero un nuevo despliegue militar suena muy difícil en el contexto europeo de crisis económica y crecientes recortes en defensa en casi todos los Estados miembros de la Alianza que, aunque comprometidos a aportar en 10 años un 2% del PIB, siguen dejando que EE UU pague la mayor parte de la factura. Otra cuestión es si la intención de que la nueva fuerza tenga bases permanentes en 2016 en el Este de Europa, la zona más expuesta , no aumentará las ya de por sí deterioradas relaciones entre Moscú y Occidente, en especial con Alemania, que firmó en 1997 un acuerdo para que no hubiera estacionamientos militares en las regiones orientales.

Al tiempo, la Alianza quiere mirar un poco más lejos, a Georgia, Moldavia e incluso a China, embarcada en su propia guerra híbrida con plataformas petrolíferas construidas en zonas en disputa, barcos que disparan contra navíos vietnamitas y una ofensiva a la conquista de mercados. “Pekín lo llama la guerra irrestricta”, dice Arteaga. “Ellos tienen paciencia estratégica y nosotros, no”.

En esta nueva partida de ajedrez que se juega en el tablero mundial, y que ha pillado por sorpresa a la OTAN, siempre pendiente de su modernización estratégica, hay un alfil que no puede quedar fuera: la amenaza yihadista en el flanco mediterráneo, una preocupación para Francia y España y una región en la que hay maniobras previstas en 2015. “Putin entiende nuestras debilidades. Lo importante no es ganar la batalla sobre el terreno, sino que el otro se rinda, por presión de su opinión publica. Juega a dividir”, dice Arteaga. 65 años después, el viejo enemigo vuelve a ser el desafío del futuro.

El 'bromance' de Trump y Putin podría dividir a Occidente en dos

El término bromance (acrónimo de las palabras brother, hermano masculino en inglés, y romance) es una forma de referirse a un vínculo afectivo intenso, no-sexual, entre 2 (a veces más) varones. Estas relaciones suponen un mayor vínculo afectivo y emocional que el de la tradicional amistad.

Por John Hemmings, CNN

21 diciembre, 2016 

Cualquier idea que Trump pueda tener sobre dividir a China y Rusia debería ser moderada por la realidad.

Los lazos de Putin con el líder chino, Xi Jinping, son comúnmente descritos como un "bromance" o relación afectiva.

El presidente ruso, Vladimir Putin, está en este momento bien posicionado frente a Beijing.

**John Hemmings es un investigador doctoral de la London School of Economics y miembro adjunto del CSIS en Washington. Las opiniones en este artículo pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) - 21 diciembre 2016.

Cuando el Financial Times y la revista Time eligieron el presidente electo y confirmado Donald Trump como su personaje del año, las publicaciones no dieron tanto un aplauso, sino un reconocimiento de que su elección es un evento decisivo para Occidente.

Ciertamente, representa un desafío mayor para las políticas de seguridad y de exteriores de la amplia comunidad de naciones conocida como la alianza occidental.

Solo dos años después de que Rusia ocupara ilegalmente el territorio soberano de una nación en Crimea y de que comenzara una guerra por el poder en el este de Ucrania, un líder estadounidense ha llegado a la Casa Blanca con la promesa de mejorar la relación con Moscú.

¿Cómo este "giro de Trump hacia Rusia" afectará a la seguridad europea, y qué impacto tendrá su línea cada vez más dura contra China sobre los aliados asiáticos de Washington?

Trump ha revelado una y otra vez durante la campaña y ahora, de forma más inquietante y en medio de la polémica por el hackeo durante las elecciones, una voluntad de darle a Moscú el beneficio de la duda.

¿Un punto débil para con líderes autoritarios? No tan rápido...

Sin embargo, a pesar de su aparente punto débil para con los líderes autoritarios, Trump no ha extendido esta simpatía hacia el presidente chino, Xi Jinping.

A raíz de la llamada telefónica de Taiwán y la ambigüedad del presidente electo sobre la "política de una sola China", los chinos han respondido haciendo volar un bombardero sobre el Mar de China Meridional.

También han llevado a cabo simulacros de combate en el nuevo portaaviones del Ejército de Liberación del Pueblo y han revelado que están armando sus bases ilegales en el Mar de China Meridional, uno de los carriles marítimos más transitados del mundo.

Luego, el viernes, China capturó un dron subacuático en el Mar de China Meridional.

El país usó sus medios estatales para declarar que "el dron que emergió del Mar de China Meridional es la punta del iceberg de la estrategia militar estadounidense hacia China".

El presidente electo y confirmado Trump ha respondido de la manera en que suele hacerlo, tuiteando: "China roba un dron de investigación de la Marina de Estados Unidos en aguas internacionales, lo saca del agua y se lo lleva a China en un acto sin precedentes", y "deberíamos decirle a China que no queremos el dron que se robó. ¡Que se lo queden!".

¿Un Kissinger al revés?

Algunos comentaristas, como David Martin Jones en The Telegraph, se han preguntado si Trump está intentando ejecutar una estrategia al revés de lo que hizo Henry Kissinger al construir lazos con Moscú mientras los congela con China.

Aunque esa jugada diplomática es técnicamente factible, ¿será probable? Después de todo, el presidente ruso, Vladimir Putin, está en este momento bien posicionado frente a Beijing.

Aunque China se ha vuelto claramente el socio dominante, y su estrategia de "Un cinturón, un camino" unilateralmente consolida su influencia sobre Asia central a expensas de Rusia, los chinos han sido muy cuidadosos de decirle a los rusos que están de acuerdo con ellos pero no los apoyan, y de darles la cara que Moscú anhela.

Los lazos de Putin con el líder chino, Xi Jinping, son comúnmente descritos como un "bromance" o relación afectiva, ya que se han reunido en 19 ocasiones en cuatro años.

El comercio entre los países se multiplicó a raíz de las sanciones occidentales contra Rusia por el asunto de Crimea, y las fuerzas de defensa de las dos naciones están cada vez más cerca.

En septiembre pasado, las fuerzas rusas hicieron simulacros junto a sus contrapartes chinas, en aparente apoyo a las reclamaciones de Beijing.

Como consecuencia, cualquier idea que Trump pueda tener sobre dividir a los gigantes continentales debería ser moderada por la realidad. Simplemente no estamos en la posición en la que estábamos en la Guerra Fría, donde Beijing y Moscú eran enemigos y le dieron la bienvenida al balance estadounidense.

¿Trump dividirá a Occidente en dos?

Así que, si un intercambio al estilo Kissinger no está en las cartas, cuáles serán los efectos de la nueva política exterior de Trump? Infortunadamente, es probable que su política exacerbe las tensiones ya imperantes en la alianza occidental, en la que los aliados europeos, mientras la Unión Europea, la OTAN y Suecia, se miden contra Rusia mientras que le dan una cálida bienvenida a las relaciones diplomáticas y al comercio con China.

El polo opuesto es el Pacífico, donde Washington y sus aliados, preocupados por las intenciones de China en el Mar de China Meridional, están lidiando contra Beijing mientras mejoran los lazos con Rusia.

Aunque puede que no parezca mucho, es probable que esta división parta a Occidente en dos, mientras que a Rusia y China esto poco les preocupa.

Hay varios y reales peligros que podrían surgir de esto: los europeos podrían suavizar el embargo de armas contra China, o amortiguar sus críticas contra las estrategias chinas en el Pacífico aún más de lo que ya lo han hecho.

Washington, por su parte, podría anular las sanciones contra Rusia, legitimando de forma efectiva la primera invasión territorial de un Estado por otro en la historia de la posguerra.

Este no sería un buen presagio para los países bálticos.

Es difícil saber cuánto representan los tuits de Trump sobre su política exterior y las posiciones futuras reales de su administración. Además, su administración puede ser desafiada, incluso por un rechazo de sus políticas por parte del establishment político de Washington. Los presidentes de Estados Unidos son notoriamente dependientes de otras ramas del gobierno para implementar sus políticas.

Independientemente de esta incertidumbre, ni estadounidenses ni europeos se pueden permitir ignorar la muy real posibilidad subrayada arriba de que el intento de Trump por dividir a dos Estados autoritarios redundará realmente en dividir a Occidente.

Mucha diplomacia y diálogo interinteligencias serán necesarios en los próximos cuatro años. Nada más sino el futuro de un mundo liberal y regido por el imperio de la ley está en juego.

 

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