Soñadores en vigilia

Por Jesús Delgado Guerrero

Carl Gustav Jung, famoso “científico del alma”, advirtió hace ya más de una centuria: “Pongan en vigilia al soñador y verán una psicosis”. Con la arremetida del capitalismo salvaje y su doctrina estajanovista-meritocrática (trabajo rudo con salarios de sobreviviente), la tecnología amplió el horario de la locura nocturna y su dolor depresivo, y ahora los trastornos de pánico son a plena luz del día.

Los practicantes de la criminal “terapia de choque” (incluye tortura en los comedores populares, previo gasolinazo y desollamiento del salario en el potro neoliberal) sugieren que es el morbo, y no la angustia, el que proyecta ideas fijas de “crisis” y configura supuestas alteraciones mentales.

“Fue increíble aquello de Suecia… Jimi llegó a tener a tres tías en su cama. Noel (Redding) y Gerry Stickells, nuestro road-manager, estaban completamente borrachos y destrozaron la habitación, y yo probé un ácido impresionante, acabé corriendo desnudo por los pasillos creyendo que estaba en la selva y que me perseguían dinosaurios. Una de las fiestas más salvajes que hicimos nunca.” (Mitch Mitchell, baterista de The Jimi Hendrix Experience, luego de un concierto en 1967, en “Jimi Hendrix”, de Mariano Muniesa, Ediciones Cátedra, p.76).

A medio siglo de esa “manifestación del alma” (llamada así la psicodelia por los especialistas), la diferencia es evidente: no hay “ácido” de por medio pero, según se desprende del diagnóstico de terapeutas oficiales, igual en este estado de “crisis mental” cualquiera se sentiría perseguido por lagartos terribles, incluso por miembros de una enquistada manada propensa a la distribución de riqueza que no es suya para ampliar los sectores del partido (así, lo que parece caro resulta todavía más barato).

En esa forma, mientras en el mundo aumentó 35 por ciento el número de personas afectadas por el hambre (108 millones en “inseguridad alimentaria grave” en 2016, por 80 millones que eran en el 2015), aquí el INEGI operó el milagro desapareciendo pobres (por lo menos estadísticamente) y todo en las narices de la somnolencia y confusión mental, que ve cómo se alimenta a la oligarquía financiera y política con 321 mil 653 millones de pesos de remanentes que dio Banxico al gobierno federal (repartidos en 70 y 30 por ciento, respectivamente).

Según esto, es de una obnubilación casi perversa no apreciar las bondades del alza en las tasas de interés de Banxico (6.50 por ciento ya) ni que la economía se esté llenando de dinero improductivo y peligroso (del más especulador), amén de que la deuda ha crecido la friolera de 2 mil 209 millones de pesos diarios (en febrero pasado acumulaba 9 billones 689 mil 563 millones de pesos y el costo financiero creció 55 por ciento, cuando en ese mismo mes del 2016 era de 8 billones 883 mil millones de pesos, es decir, aumentó 9 por ciento).

En realidad, de la escuela donde “la pobreza es un mito genial” nunca se esperó demasiado.

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