Edomex: pobretariado y mendiquense

Por Jesús Delgado Guerrero

Acariciar los oídos para mover sentimientos ciudadanos con fines políticos ha sido desde siempre una práctica común pero deleznable (los totalitarismos recurren a eso para ganar adeptos). Ahora, el Ogro Salvaje (neoliberalismo) utiliza esas armas con pintas democráticas luego de formar entre sus cuadros a una curiosa especie de pobretólogos que creen que es posible eliminar o combatir la pobreza al tiempo de alimentarla, siempre por dos vías: retórica y dádivas (cinismo cruel del populismo capitalista).

De acuerdo con los resultados de esa doctrina, no se trata de atacar las causas (la grosera desigualdad generada por los privilegios de grupos ante la ventanilla de pago de impuestos, de impartición de justicia, de acceso a la educación y a la salud, entre muchos otros) sino de contener sus efectos y envolverlos en miserias pasadas por acciones de gobierno.

Según los apologistas de la “buena nueva”, que además pretenden llevar al diván a los ciudadanos para exorcizarlos de un supuesto “estado mental de crisis”, la profecía marxista se cumplió y el proletariado perdió las cadenas, argumento sólo válido ante el hecho de que sus presuntos militantes ingresaron al círculo de castas (si la Revolución degeneró en gobierno, la izquierda hoy muestra sus lujosos departamentos).

Empero, en el Estado de México la campaña al gobierno estatal está reflejando los alcances de la “evolución”: del proletariado se pasó al “pobretariado” (Ernesto Castro, dixit, joven filósofo español) y en el caso  de esa entidad y en atención a regionalismos identitarios, el ciudadano mexiquense se metamorfoseó en “mendiquense” (pleonasmo neoliberal, doble y desgraciada condición al compás del “Mexicano por patria y provincia”, según el himno local) debido al trato que le dan y al cual la visión capitalista se limita a alimentar.

“Alimentar” aquí es inaugurar comedores populares, distribuir despensas, etc., pero todo orientado a mantener el status quo pues así se dispone de un mecanismo de control y una vía para hacer negocios, como los mismos especuladores-empresarios han reconocido.

El proceso electoral “mendiquense” está proyectando la esencia neoliberal: “ya no hay cadenas ni desigualdad, sólo pobres”, retrato de lo que sucede en el país (y en otros).

No es un episodio de simple clientelismo electoral, de piñatas con regalos, no; es la expresión de un sistema económico y político que tiene sus momentos de catarsis lacrimógenos en “reality-shows” comiciales como parte de una gastada “despensocracia” (que no democracia), cuyo muro fundamentalista insiste en auto-engañarse y proclamarse como la mejor opción, esto mientras la desigualdad y la concentración de la riqueza siguen aumentando.

Por decreto se logran impulsar gasolinazos y hasta desaparecer “crisis”, pero ni con limosnas se zurcirían bolsillos agujerados, crisis ésta no entendida o simulada.

 

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